Dr. Luis Ángel DíazDevocionales para pastores y líderes

El impacto misionero del apóstol Pablo

Romanos 15:20

El impacto misionero del apóstol Pablo

El impacto misionero del apóstol Pablo

“Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno.”

— Romanos 15:20 (RVR1960)

Pocas personas han influido tanto en la expansión histórica del cristianismo como el apóstol Pablo. El antiguo perseguidor de la iglesia llegó a convertirse en proclamador de Cristo entre los gentiles. Su ministerio atravesó ciudades, provincias, culturas, religiones y estructuras sociales del mundo mediterráneo.

Pablo modela una misión dirigida especialmente hacia quienes todavía no han escuchado el evangelio. Esta misión está fundamentada en la gracia de Dios, orientada por una visión estratégica y realizada mediante una entrega personal que busca establecer comunidades de discípulos capaces de continuar y multiplicar la misión.

I. La misión de Pablo nació de la gracia y del llamado de Dios

“Sin embargo, les he escrito con mucha franqueza sobre algunos asuntos, como para refrescarles la memoria. Me he atrevido a hacerlo por causa de la gracia que Dios me dio para ser ministro de Cristo Jesús a los no judíos. Yo tengo el deber sacerdotal de proclamar el evangelio de Dios, a fin de que los no judíos lleguen a ser una ofrenda aceptable a Dios, santificada por el Espíritu Santo.”

— Romanos 15:15–16 (NVI)

“Sin embargo, Dios me había apartado desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia. Y, cuando él tuvo a bien revelarme a su Hijo para que yo lo predicara entre los no judíos, no consulté con nadie.”

— Gálatas 1:15–16 (NVI)

Antes de estudiar la estrategia de Pablo, necesitamos comprender su identidad. Pablo no comenzó como misionero, sino como perseguidor. Por eso, nunca interpretó su ministerio como recompensa por sus capacidades; lo comprendió como gracia inmerecida convertida en responsabilidad misionera.

A. La gracia transformó al perseguidor en misionero

La experiencia de Pablo demuestra que el evangelio que proclamaba había transformado primero su propia existencia.

“Admito que yo soy el más insignificante de los apóstoles y que ni siquiera merezco ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y la gracia que él me concedió no se quedó sin fruto. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.”

— 1 Corintios 15:9–10

Pablo reconoce su pasado y concluye: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy.” Esta convicción evitaba que la misión se convirtiera en búsqueda de prestigio personal. El misionero no lleva al mundo una teoría aprendida únicamente de manera intelectual; anuncia una gracia que primero lo alcanzó.

David Bosch señala que Pablo entendió su encuentro con Cristo simultáneamente como conversión y comisión para la misión entre los gentiles (David J. Bosch, Transforming Mission, Orbis Books, 1991).

Aplicación: Una iglesia verdaderamente misionera necesita miembros que comprendan profundamente de dónde Cristo los rescató, qué hizo la gracia en ellos y para qué fueron salvados.

La gratitud por la salvación debe convertirse en impulso hacia quienes todavía necesitan escuchar el evangelio.

B. El llamado dio dirección y propósito a su vida

Pablo afirma que Dios lo llamó para anunciar a Cristo “entre los gentiles” (Gálatas 1:16). Su llamado tenía origen divino, destinatarios concretos, propósito definido y alcance transcultural.

La conversión no terminó en “Cristo me salvó”; avanzó hacia “Cristo me envió”.

Eckhard Schnabel destaca que la actividad misionera de Pablo estuvo caracterizada por la proclamación de Jesucristo y por la intención de establecer comunidades de creyentes en nuevos contextos (Eckhard J. Schnabel, Paul the Missionary, IVP Academic, 2008).

Aplicación: La iglesia local debe ayudar a cada creyente a avanzar de la salvación al discipulado, al descubrimiento de dones, al servicio y a la misión.